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Flúor, un veneno silencioso

Resultado de imagen para el fluor es malo




En el agua, aire, plantas y animales hay presentes pequeñas cantidades de flúor. Como resultado los
humanos están expuestos al flúor a través de los alimentos y el agua potable y al respirar el aire. El
flúor se puede encontrar en cualquier tipo de comida en cantidades relativamente pequeñas.

Mientras que para los consumidores la utilización de compuestos de flúor en la industria pasa casi
inadvertida, algunos compuestos se han vuelto familiares a través de usos menores pero importantes,
como aditivos en pastas de dientes y superficies fluoropoliméricas anti adherentes sobre sartenes y
hojas de afeitar (teflón por ejemplo).

La industria nos ha hecho pensar que el flúor es esencial para mantener la solidez de nuestros huesos,
el flúor también nos puede proteger del decaimiento dental, si es aplicado con el dentífrico dos veces
al día. Pero si se absorbe flúor con demasiada frecuencia, puede provocar caries, osteoporosis y daños
a los riñones, huesos, nervios y músculos. Además de ello, Diversos trabajos, tanto clínicos como
experimentales, han reportado que el Flúor provoca alteraciones sobre la morfología y bioquímica
cerebral, que afectan el desarrollo neurológico de los individuos y, por ende, de funciones elacionadas
con procesos cognoscitivos, tales como el aprendizaje y la memoria.



La toxicidad del flúor se puede presentar a partir de la ingesta de 1 parte por millón (ppm) y los
efectos no son inmediatos ya que pueden tardar 20 años o más en manifestarse.



El flúor es capaz de atravesar la barrera hematoencefálica, lo que puede producir cambios
bioquímicos y funcionales en el sistema nervioso durante la gestación, ya que el flúor se acumula en
el tejido cerebral antes del nacimiento; se ha reportado que la exposición al flúor durante el desarrollo
embrionario está relacionada con trastornos de aprendizaje. En este sentido, otras investigaciones
mencionan que existe una asociación entre el consumo de niveles altos de flúor y una disminución en
la inteligencia en niños.


Asimismo, se ha reportado que el flúor ejerce un efecto específico sobre la síntesis de proteínas en el
cerebro, lo que conlleva a cambios degenerativos en las neuronas, pérdida en diferente grado de la
sustancia gris y cambios en las células de Purkinje en la corteza cerebelar; además, provoca
hinchamiento de las mitocondrias, retículo endoplásmico granular, agrupamiento de cromatina, daño
en la membrana nuclear y disminución en el número de sinapsis, mitocondrias, microtúbulos y
vesículas sinápticas, así como daño a nivel de la membrana sináptica. Estos cambios indican que el
flúor puede retardar el crecimiento y la división celular en la corteza, y que el menor número de
mitocondrias, microtúbulos y vesículas en la terminal sináptica podría disminuir la eficacia entre las
conexiones neuronales y producir un funcionamiento sináptico anormal e influir en el desarrollo
cognitivo durante la vida posnatal.


El flúor es un elemento químico que se encuentra en altas concentraciones en la corteza terrestre.
Muchos de los países donde la fuente principal de suministro de agua potable es de origen
hidrotermal, la concentración de flúor sobrepasa lo permitido por la norma oficial correspondiente.

Hasta ahora los trabajos reportados plantean interesantes controversias acerca del papel que

desempeña el flúor en la salud. Sin embargo, existen datos que comprueban que el flúor tiene efectos
tóxicos sobre el sistema nervioso central.

Nuestra recomendación; evitar el consumo de agua potable, sal fluorada y el uso de pastas dentales y
artículos que contengan flúor.

 
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